El diagnóstico precoz y la atención temprana en las fases iniciales de los trastornos mentales pueden tener consecuencias significativas y que cambian la vida de una persona en su salud mental. No esperemos a que un trastorno se vuelva crónico y/o grave.

Acudamos al psicólogo ante cualquier sospecha de estar sufriendo un problema mental. De esta forma, acortamos el tratamiento y la posibilidad de superarlo sin mayores consecuencias aumenta.

Qué es la intervención temprana

La intervención temprana es el proceso de proporcionar intervención y apoyo especializados a una persona que experimenta o muestra alguno de los primeros síntomas de un trastornos psicológico.

Hay que entender que cuando hablamos de un trastorno psicológico nos referimos a cualquier pensamiento, comportamiento o sentimiento que genera tal malestar a quien lo padece que afecta a la vida normal del individuo, afectando a su bienestar y produciendo un sufrimiento que no puede gestionar adecuadamente.

La importancia de la atención temprana

La mitad de los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años

y suelen ir precedidos de trastornos psicosociales inespecíficos que pueden evolucionar en cualquier trastorno mental importante y que representan el 45% de la carga mundial de enfermedad en el tramo de edad de 0 a 25 años.

Las necesidades de salud mental durante este periodo crítico siguen sin ser satisfechas en gran medida. Esto insta a rediseñar las estrategias preventivas en un marco multidisciplinar y transdiagnóstico centrado en los jóvenes, que podría modificar tempranamente las posibles trayectorias psicopatológicas. Esto es especialmente importante en algunos problemas específicos, como los casos de jóvenes LGTB.

Algunos gabinetes especializados como el de psicólogos en Bilbao llamado Prisma, que se especializan en estas problemáticas, entienden «el trabajo terapéutico como un proceso de interacción permanente entre lo individual y lo social. Existen discursos dominantes que crean jerarquías en la sociedad, imponiendo modelos ideales y normalizados que, en muchas ocasiones, pueden causar sufrimiento psicológico».

Por lo tanto, intervenir desde la adolescencia es fundamental para evitar que los problemas psicológicos se agraven y produzcan consecuencias indeseadas. Las estrategias de promoción, prevención e intervención temprana pueden producir el mayor impacto en la salud y el bienestar de las personas.

Qué señales me indican que puedo tener un trastorno psicológico

Si se dan varios de los siguientes casos, puede ser útil hacer un seguimiento con un profesional de la salud mental:

  • Cambios en el sueño o en el apetito: Cambios drásticos en el sueño y el apetito o disminución del cuidado personal.
  • Cambios en el estado de ánimo: Cambios rápidos o drásticos en las emociones o sentimientos de depresión.
  • Retraimiento: Retraimiento social reciente y pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
  • Descenso en el rendimiento personal: Un descenso inusual del rendimiento en la escuela, el trabajo o las actividades sociales, como dejar de hacer deporte, fracasar en la escuela o tener dificultades para realizar tareas familiares.
  • Pensamientos que generan malestar intenso: Problemas de concentración, de memoria o de pensamiento y habla lógicos que son difíciles de explicar.
  • Aumento de la sensibilidad: Mayor sensibilidad a las imágenes, los sonidos, los olores o el tacto y evitación de situaciones demasiado estimulantes.
  • Apatía: Pérdida de iniciativa o deseo de participar en cualquier actividad.
  • Sensación de desconexión: Una vaga sensación de estar desconectado de uno mismo o de su entorno.
  • Pensamiento ilógico: Creencias inusuales o exageradas sobre los poderes personales para comprender significados o influir en los acontecimientos.
  • Nerviosismo: Miedo o desconfianza hacia los demás o un fuerte sentimiento de nerviosismo.
  • Comportamiento inusual:  Comportamiento extraño, no característico, peculiar

Uno o dos de estos síntomas por sí solos no pueden predecir un problema o trastorno mental, pero pueden indicar la necesidad de una evaluación adicional. Si una persona experimenta varios a la vez y los síntomas le causan graves problemas en la capacidad de estudiar, trabajar o relacionarse con los demás, debe ser vista por un médico o profesional de la salud mental.

Por otro lado, las personas con pensamientos o intenciones suicidas, o con pensamientos de dañar a otros, necesitan atención inmediata y deben informarle a algún familiar cercano cuanto antes.

Conclusiones

Las estrategias para la detección precoz de los trastornos mentales pueden permitir vías de atención sanitaria más eficaces, al actuar mucho antes de que se agraven los problemas de salud o al prevenir su aparición . También permiten una atención más personalizada en cuanto a la adaptación de las intervenciones sanitarias a los factores de riesgo sociodemográficos y sanitarios específicos, así como la activación de intervenciones específicas para el estadio de la enfermedad.

En este sentido, se ha sugerido la aplicación de modelos de estadificación clínica para mejorar las prestaciones sanitarias, atendiendo a las necesidades de las personas que se presentan en diferentes etapas de su problema psicológico y social. A pesar de ser un reto, la reformulación de los servicios sanitarios con esta perspectiva puede aumentar la eficacia de la prevención y la intervención temprana, el control de la atención general, repercutiendo positivamente en los resultados de salud y bienestar de una población más amplia.