Cómo superar un desamor: una solución práctica y eficaz

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Quizás en este período te preguntes cómo superar un desamor: la respuesta está en los granos de café, y ahora te explico por qué.

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“Todos debemos sufrir uno de dos dolores: el dolor de la disciplina o el dolor del pesar”. Jim Rohn.

Entre las frases sobre los desengaños, Jim Rohn es uno de mis favoritos: con frecuencia las decepciones del presente tienen que ver con decisiones equivocadas del pasado. Al final la vida es como un camarero: siempre apunta lo que tomamos y tarde o temprano hay que saldar la cuenta.

Para superar un desamor, lo primero es dejar de mentirnos a nosotros mismos.
Pero con frecuencia somos víctimas de los acontecimientos. Hay decepciones que llegan sin previo aviso y nos cogen completamente desprevenidos. Lo mismo puede ser un
desamor que un desengaño de cualquier otro tipo…los mecanismos son los mismos. La pregunta es ¿Cómo superar ese desengaño?

Te lo voy a explicar con la historia de las zanahorias, los huevos y los granos de café.

Una historia para aprender a superar un desamor

Una joven estaba pasando por un período particularmente difícil, plagado de continuas desilusiones. Una tarde la joven empezó a contarle a su madre sus problemas. Estaba cansada de luchar: cada vez que conseguía superar un problema (con mucho esfuerzo) aparecía otra situación crítica que absorbía por completo la energía que le quedaba.

Después de casi media hora de suspiros y lloros ininterrumpidos, la joven le confesó que estaba a punto de rendirse.

La madre escuchó a su hija durante todo el tiempo y finalmente le pidió que la acompañase a la cocina. La madre cogió tres recipientes, las llenó de agua y los puso en el fuego a hervir, cada recipiente contenía tres ingredientes distintos: uno zanahorias, otro huevos y el último granos de café.

Al cabo de un largo período de tiempo, que para la hija pareció infinito, la madre apagó el fuego y sacó las zanahorias poniéndolas en un plato, luego escurrió los huevos y los dejó en un tazón y finalmente, usando un colador, filtró el café y lo vertió en una taza. A continuación la madre le preguntó a su hija:”Querida, dime, ¿qué ves aquí en la mesa?”.


Veo zanahorias, huevos y café. ¿Qué otra cosa debería de ver?” respondió perpleja. La mujer le pidió entonces a la joven que tocara las zanahorias, que se habían vueltos blandas, a continuación la invitó a romper un huevo, que ahora se había vuelto firme y finalmente le hizo oler y saborear la taza de café, que tenía un aroma intenso, agradable y apetecible. La joven, más confundida todavía, le preguntó a su madre:”No entiendo, ¿qué significa todo esto?
La madre
le sonrió y le explicó que tanto las zanahorias como los huevos y los granos de café se habían enfrentado al mismo desafío, “idéntico”: el agua hirviendo. Pero reaccionaron de forma diferente. La zanahoria, fuerte y soberbia, había luchado duramente contra el agua, pero había terminado siendo débil y suave. El huevo, líquido en su interior y quebradizo en la cáscara, se había endurecido. Y finalmente los granos de café tuvieron una reacción completamente diferente: a pesar de hervir, habían permanecido casi idénticos a sí mismos, y además el agua hirviendo los había transformado en una bebida con un sabor irresistible (¿te están entrando ganas de tomar un café…resiste un poco todavía que la historia está a punto de terminar).

Dulcemente, la mujer le dijo a su hija: “sé que has tenido muchas decepciones, pero te corresponde a ti decidir cómo reaccionar ante estos acontecimientos de la vida: ¿quieres ser como la zanahoria, aparentemente fuerte, pero débil e incapaz de reaccionar ante las dificultades? ¿Quieres ser como el huevo, tierno y frágil, pero que se endurece y no puede expresarse cuando está bajo presión? ¿O te gustaría ser como el grano de café, capaz de sumergirse en la adversidad y aceptar las desilusiones, como maestras de la vida que son, y consiguiendo emerger con un mejor aroma y sabor cuando el mundo que te rodea llega a su punto de ebullición?”.


Las personas que han aprendido a ser felices no son ciertamente las que nunca han experimentado un desengaño o un desamor. No, las personas que han aprendido a ser felices son aquellas que, a pesar de la adversidad, han sido capaces de tomar lo mejor de la vida, transformando sus desengaños y desilusiones en oportunidades de crecimiento. Cuando te sumerjas en agua hirviendo y tu decepción arda, puedes elegir ablandarte como una zanahoria,endurecerte como un huevo o liberar lo mejor de ti mismo como un grano de café, convirtiendo las dificultades en algo magnífico.

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Superar el desamor como un grano de café

Siempre hay 3 palabras que intento recordar cada vez que me encuentro ante una decepción o desengaño. Todos comienzan con la “R”, así que son fáciles de recordar:

  • Reflexiona. Por muy inesperado que sea el desamor, date la oportunidad de reflexionar sobre los errores cometidos. ¿Cuál es la reacción clásica? Atemorizarnos, durante un período de entre 3 días y 3 años, luego poco a poco nos recuperamos y…¡volvemos a cometer los mismos errores! Reflexionar sobre tus errores no significa hacer promesas de que nunca volverá a pasar así sin más, sino que tienes que identificar métodos y comportamientos alternativos y ponerlos en práctica a partir del día “cero”: si no cambias inmediatamente, cuando la herida sigue abierta, ¿qué te hace pensar que lo harás más tarde? Empieza por quererte más a ti mismo, aprende a superarte personalmente y empieza a desarrollar tu personalidad.

Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. Albert Einstein.

  • Reacciona de la manera correcta. No basta con reaccionar; debemos hacerlo de la manera correcta. La zanahoria de la historia intenta luchar contra el agua hirviendo, pero inevitablemente es derrotada. ¿Te has preguntado el por qué? La zanahoria lucha contra el problema, quiere hacerlo desaparecer, no lo acepta y al hacerlo se vacía y se debilita. El grano de café, por el contrario, ni siquiera intenta desviar el problema, no se queja de él, no lo combate: lo transforma y lo utiliza para expresar su talento. La ciencia de la felicidad radica en adoptar la actitud correcta ante los problemas de la vida. ¿Por qué no usas tu desamor para alimentar lo que llamo “sana agresión”? A veces necesitamos darnos un portazo en la cara para encontrar la fuerza de abrir otra. Ya sabes que un clavo saca a otro clavo 😉
  • Resiste. Aunque reflexionemos profundamente sobre nuestros errores y reaccionemos con una sana agresividad, podemos enfrentarnos a una nueva decepción en el futuro. En esos instantes nuestra autoestima se derrumba y no sabemos a qué atenernos:”¿Qué sentido tiene continuar?”¿Cómo puedo ser tan desdichado?”…estos son sólo algunos de los mantras que repetimos en estas ocasiones.¿Qué hacer? ¿Cómo podemos superar estos continuos desamores o decepciones? No tengo la receta mágica, pero lo que marca la diferencia es la Curva del Éxito: cuando cambias tu atención de la obsesión por los resultados a corto plazo al progreso diario, empiezas a acumular todos los pequeños éxitos que necesitas para llegar al famoso “punto crítico”.


Autor: Javier Corrales Ciganda. Licenciado en Psicología por la Universidad Universidad Miguel Hernández (UMH).

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